lunes, 29 de septiembre de 2008

EL RETRATO DE LA MUERTE

Si quisiéramos sacar una fotografía de nuestro abuelo muerto en su velatorio, se consideraría como una falta de respeto, impensable y morboso, algo tan descabellado hoy día como podría ser esto era retratado en el siglo XIX. Vestir a cadáveres, abrir los ojos de un hijo muerto y sentarlo sobre una silla simulando que está vivo, abrir el ataúd de tu hermano y colocarte bien vestido a su lado mientras te capta un fotógrafo...




Bebiendo de estos retratos podemos hacernos una idea del gran cambio que conllevan las costumbres a lo largo de los años, a través de los progresos y las transgresiones mentales y culturales.

El motivo por el cual -en ese entonces- este tipo de imágenes no eran consideradas morbosas, puede deberse al ideal social que se gestara en la época del Romanticismo. En dicho período se tenía una visión nostálgica de los temas medievales, y se concebía la muerte con un aire mucho más sentimental, llegando algunos a verla como un privilegio.
La Fotografía de difuntos es una práctica que nace casi con la misma fotografía (un
19 de agosto de 1839) en París, Francia, pero luego se extiende rápidamente hacia otros países.

Los difuntos, por otra parte, eran sujetos ideales para el retrato fotográfico, por los largos tiempos de exposición que requerían las técnicas del siglo XIX. En la toma de daguerrotipo la exposición seguía siendo tan larga que se construían soportes disimulados para sostener la cabeza y el resto de los miembros de la persona que posaba evitando así que ésta se moviera. Las fotografías de difuntos los muestran "cenando" en la misma mesa con sus familiares vivos, o bebés difuntos en sus carros junto a sus padres, en su regazo, o con sus juguetes; abuelos fallecidos con sus trajes elegantes sostenidos por su bastón.

La sensibilidad contemporánea es totalmente ajena a sus motivaciones, escondemos el dolor y procuramos olvidarlo pronto, tapamos los ojos de los niños ante un hecho tan natural como es la muerte, la dejamos en una caja cerrada con llave, la miramos con miedo, ni hablamos de ella y seguimos adelante pensando que nos visitará tan lejos en el tiempo que ni nos dolerá.
Una de las teorías que tratan de explicar este fenómeno social argumenta que se desarrolló en una época en que la fotografía no era habitual ni estaba popularizada como en el presente, de tal modo que mucha gente moría sin haber podido ser retratado en vida. De ahí que muchas familias desearan fotografiar "post mortem" a sus seres queridos para que todo el mundo supiera que esa persona había pertenecido a aquella familia. Después, a lo largo del siglo XX esta práctica se iría paulatinamente abandonando, gracias a la "democratización" de la fotografía; aunque sigue estando presente en ceremonias reales y velatorios de personajes públicos de la sociedad: artistas, políticos, etc. y, con una función diferente, en el ámbito forense.

3 comentarios:

Carlos Labarta dijo...

En la película de Amenábar, Los Otros, se tocan de refilón estas cosas tabién, si mal no recuerdo...
Es truculento... Pero no sé qué decir, estos es, si a la familia le resultaba últil conservar así, este recuerdo... Las fotos de grpos que tambioén he podido ver en algún sitio, son espeluznantes... Somos inmensamente curiosos, no? Quiero decir, que tenemos tendencias, costumbres y comportamientos para hacer una antología actualizable cada 5 minutos...
Yo jamás me atrevería a guardar algo de un ser querido fallecido, algo como esto... Prefiero el recuerdo en vida, por supuesto... Los objetos que rescatara tras la meurte de alguno, los guardaría para no verlos...
Qué miedo!

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

Ultimamente estoy descubriendo un interesante número de bitácoras de foreros murcianos, que iré teniendo en mis obligadas visitas.

Saludos

Anika dijo...

eso espero francisco, que nos visites. UN besico